Autoconocimiento, Meditación

Mindfulness: el ensayo

Para poder recibir la certificación del curso de Mindfulness al que asistí el fin de semana antepasado, nos pidieron entregar un ensayo. Aquí lo comparto: 

12354009-salir-y-escapar-a-la-libertad-del-caos-de-la-incertidumbre-en-un-camino-claro-liderazgo-para-el-éxito-Hace menos de un año me quejaba que no tenía tiempo para ordenar la casa y por más que guardaba cosas en cajas y cajones, el caos siempre volvía más temprano que tarde. Para encontrar una cosa puntual, daba vueltas la casa, sabiendo que en algún sitio debía estar. Sabía que lo tenía, pero la gran pregunta siempre era ¿dónde? Junto con esto, sentía que nunca tenía tiempo para hacer lo que realmente quería hacer. Me agobiaba el hecho de tener que usar los fines de semana para ordenar, para “trabajar” y no para descansar o disfrutar momentos con mi familia o conmigo misma. Pero decidí que debía cambiar esto. Descubrí que la falta de hábitos unida a mi poca organización y sumada al exceso de objetos en casa, me estaban haciendo mal y desde que tomé conciencia de aquello, mi vida dio un giro inesperado, que hasta la fecha se ha convertido en la mejor elección a conciencia que pude haber hecho.

Trabajo en una empresa constructora, tengo una profesión que no me agrada del todo, pero que a fin de cuentas es la que me genera la estabilidad económica que me permite realizar tener la calidad de vida que tengo hasta ahora. Este tipo de trabajos exige productividad permanente, es difícil parar cuando hay plazos que cumplir. Muchas veces es necesario trabajar fuera del horario para lograr los objetivos. Me he dado cuenta que si uno mismo no se pone un freno, el trabajo se puede convertir en la vida, y la vida se deja de lado. Esa disyuntiva entre “¿trabajar para vivir? o “¿vivir para trabajar?” aplica en estos casos. Yo elijo lo primero.

He hablado de dos temas que son parte de mi vida en estos tiempos. Pareciera que estoy mezclando peras con manzanas, pero no es así. ¿Cómo se relacionan? El punto de convergencia soy yo, en mi calidad de persona, dueña de casa y por otro lado, como trabajadora parte del sistema.

Y aquí es donde aparece el Mindfulness.

Descubrí, buscando información en internet,  que había personas que ya se habían adelantado a mi idea de desapego a los objetos, encontré personas que estaban viviendo una vida minimalista, que habían decidido de una vez por todas, no venderse más al “sistema” y sólo vivir con lo necesario y con lo que los hiciera realmente felices. Dentro sus actividades también aparecía la meditación y poco a poco fui dándome cuenta que mi camino iba para allá también. Traté de meditar haciéndolo como yo creía que era, con los ojos cerrados y tratando de dejar la mente en blanco. Leí por ahí que había que pensar en un concepto y centrarlo en la mente, invocándolo repetidas veces para ello sucediera. Creí que había que decir mantras o hacer ruidos extraños. No sabía muy bien qué había qué hacer, pero empecé a sentir la necesidad de aprender sobre ello. Llegaron a mí algunos libros y por ahí empecé a entender que el Mindfulness es tomar conciencia de mi existencia en el presente. ¡Sonaba tan difícil! ¿Qué es eso de sentirse la respiración? ¿Cómo voy a estar en silencio haciendo nada durante tanto tiempo? ¿Cómo voy a dejar mi mente en blanco si siempre hay algo que me distrae? ¿Descansar la mente durante el trabajo? Todas estas preguntas aparecían cuando pensaba en la meditación. Lo encontraba “místico”, que no era para mí. Pero aun así, me obligué a aprender y me gustó.

Cuando supe del curso de Mindfulness en Concepción, no lo dudé ningún momento. Me inscribí de inmediato. Todos mis referentes hasta antes de inscribirme habían sido extranjeros, no sabía que en Chile también se estaba realizando esto y que habría tantas personas interesadas. Llegué a pensar que quizás el curso no se dictaba por falta de inscritos, pero ¡no! Mi sorpresa fue mayor cuando llegué el primer día de clases y vi tantas personas diferentes buscando algo en común. Me siento muy conforme con la decisión que tomé, creo que hay un antes y un después de mí. En primer lugar porque me atreví finalmente a romper mis propios paradigmas y por otro lado, porque descubrí que a pesar de que todos los que asistimos éramos personas desconocidas, estábamos unidas en un mismo fin, y generamos ambiente muy grato, se desató una energía especial que permite que saquemos nuestro interior al mundo sin temor, podamos ejercer la compasión, escuchar a los demás sin juicios y sobre todo, aprender a escucharnos a nosotros mismos, a pesar de las distracciones del exterior.

Cuesta hacer entender a los demás de qué se trata esto, pero mientras más seamos los que nos encaminemos a salirnos de los esquemas preestablecidos, siento que podemos ir creando una red de personas que queremos mejorar el mundo. Suena a cliché, pero siento firmemente que algo está cambiando en el mundo y nosotros somos los encargados de que siga sucediendo.

De todo esto, me queda una enseñanza: No basta sólo con creer en un mundo mejor, hay que ser parte de los cambios.

 

La imagen la tomé de este enlace: https://es.123rf.com/photo_12354009_salir-y-escapar-a-la-libertad-del-caos-de-la-incertidumbre-en-un-camino-claro-liderazgo-para-el-%C3%A9xito-.html

 

 

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