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¡No tengo nada que ponerme!

Miras tu clóset y no sabes qué usar. Te pruebas varias tenidas hasta que vuelves a la primera que te pusiste. Dejas toda la ropa tirada encima de la cama y sales. Cuando vuelves, está el caos. Dejas todo en una silla o en algún rincón. Ya tendrás tiempo para odenar, ahora verás televisión y luego dormir.

Ayer pregunté a mi hija por qué no se había vestido todavía y me dijo: “es que no sé qué ponerme” (afortunadamente no me dijo que no tenía). Si abres sus cajones y su clóset, tiene mucha más ropa de que la que necesita, mucha más de la que realmente usa y mucha más que muchas otras niñas de su edad en el mundo. Pero de todo lo que tenía disponible, no sabía qué elegir. Hace unos días me dijo que no tenía poleras (tops) para salir a fiestas de cumpleaños. Que sólo tenía una con brillo y que sus amigas tenían varias para cambiarse. Sinceramente eso de tener mucha ropa diferente para salir, cuando sales poco, no sé si se justifica. Más aún que estamos en invierno y además hace mucho frío, por lo que nadie se entera qué llevas debajo del sweater o de la chaqueta.

Con respecto a “no tener nada que ponerme”, confieso que me pasó muchas veces. Era tanta la variedad de ropa en mis muebles que mi cabeza no podía computar y no lograba ver más que un gran bulto de géneros y mi cerebro se cerraba a sólo pensar que no tenía nada que ponerme, cuando en verdad era todo lo contrario.

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He ido aprendiendo a desprenderme de toda la ropa que no uso. La primera limpieza de clóset fue brutal. Eliminé muchas prendas que tenía guardadas, que las encontraba lindas pero que jamás había usado, otras bellas pero sin ocasión para usarlas. Algunas costaron caras, por lo que no es tan fácil decidir eliminarlas. Sin embargo, decidí que no podía seguir guardando ropa sólo por que sí, así que puse en venta muchas cosas, otras las he estado regalando, así que de una u otra forma, el volumen de prendas va disminuyendo y dejando espacio para que las cosas que realmente me gustan, se vean y me den ganas de usarlas.

Tips para “vaciar” el clóset sin sufrir:

    1. No guardes ropa que no es de tu talla, menos si es muy pequeña porque estás esperando volver a caber en ella. Cuando realmente bajes de peso, te vuelves a comprar y si no quieres sacarla porque estás segura que te cabrá, date un plazo máximo. Si no, no vale la pena guardarla.
    2. A medida que pasa el tiempo, las modas van cambiando, pero también nosotros vamos cambiando. Elimina esa ropa que usabas en la Universidad. Al menos para mí,  que a esta edad se me ve un poco ridícula.
    3. Las bufandas gigantes sirven cuando caminas mucho por la calle o estás en lugares fríos durante mucho rato. Si no es tu caso, procura tener una sola. Recuerdo cuando iba a la Universidad, que usaba unas bufandas de 2 metros enrolladas por todo el cuello y cabeza, pero se justificaba porque las aulas eran frían y pasaba caminando de un lado a otro a la intemperie. Ahora no.
    4. Si tienes varios sweaters (chalecos, tapados) del mismo tono o con formas similares, dedícate a mirarlos, pruébatelos y decide con cuál te quedas. Ah! y no vuelvas a comprar otro igual.
    5. No todos los colores le quedan bien a todo el mundo. Busca cuál es tu paleta de colores adecuada para que puedas usar toda tu ropa sin necesidad de estar agregando accesorios cada vez, para no verte tan apagada o tan tosca. Puedes revisar aquí, algo al respecto. Eligiendo la ropa en la paleta de colores correcta verás que es más fácil vestirte. Los colores neutros en general combinan con todo y deberías tener algunas prendas básicas en un solo tono acorde a tu paleta.
    6. Si hay ropa manchada o descosida que supones que vas a arreglar en algún momento, hazlo ahora. Si no lo haces ahora, no lo vas a hacer nunca y ese caso, es mejor no seguir guardándola.
    7. No vale la pena coleccionar zapatos. Elige los que más uses y que te queden cómodos. Guarda uno para fiestas. Saca los que ya dejaste de usar por el motivo que sea, vas a ver cómo se desocupan los espacios, más aún si los tienes en cajas. Hay un montón de sitios en internet para ofrecerlos en venta.
    8. No compres ropa sólo porque esté en oferta. Si la necesitas, vale, pero si aún no haces una limpieza de clóset, te sugiero que primero veas lo que tienes y luego decidas si algo te hace falta. Si no, sólo vas a lograr seguir acumulando lo viejo y no tendrás espacio para lo nuevo.

Cuando dimensiones toda la ropa que conservas y que no usas, te darás cuenta que tienes mucho que ponerte, pero el problema está en que no sabes valorar lo que tienes. Aquí el refrán se aplica diferente: no sabes lo que tienes, hasta que lo descubres. O no sabrás lo que realmente tienes, si no lo dejas a la vista.

 

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